Abecedarios, alfabetización y punto de cruz.

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En mi familia materna siempre se ha hecho punto de cruz. Es una forma de bordado que predominaba frente a otras, y recuerdo a mis tías y a mi abuela (todas miopes y por lo tanto con agudeza visual cercana) charlando sin mirarse, atentas a su labor y a la aguja.

Mi madre, por el contrario, se dedicaba a algo más “útil”: tejernos jerseys. Hasta mis 10 años a mis hermanos (12 y 4 años, respectivamente) y a mí nos vestían las obras de mi madre (casi no existían los grandes almacenes, la ropa de pequeños se compraba en tiendas particulares o mercerías y salían bastante caras), quien de repente se cansó de tejer mientras veía la tele y cambió el soniquete de las agujas de calceta por trozos enormes de tela panamá (la más fácil para el punto de cruz, a mi entender), hilos de DMC, tijeras pequeñas y costurero.

Dejó de hacer algo “útil” y comenzó a hacer algo bello. Seguir leyendo

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Libros para “chiquitines”

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Cuando el niño es muy pequeño (un añito), ¿qué tipo de cuento es apropiado para él? Ya camina y tiene “superadas” las texturas (así que libros que se basen exclusivamente en pasar el dedo por encima, o ser chupados, ya no le son suficientes).

Los libros-sonido pueden ser una grata opción. Timún Mas tiene varios publicados: las ilustraciones son graciosas y el sonido es francamente bueno.

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Por qué nos gusta Harry Potter

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Y aquí estamos, un par de meses después, y ya con los 7 libros de Harry Potter (gracias, Elena; gracias, Luis). Yo también he sucumbido. Me he enganchado, me he emocionado, he quedado prendada de toda la colección (y eso que tenía la suerte de ir leyendo uno tras otro sin esperar un año, como tuvieron que hacer los lectores en su momento), y entiendo y comparto que sean los libros más vendidos y leídos de la Historia.

¿Cuál es el secreto de “Harry Potter”? ¿Qué incita a tantos niños a leer unos libros que no son fáciles (largos, muy largos; oscuros, tenebrosos), bien redactado, con un mundo propio alejado, a priori, del mundo actual?.  Seguir leyendo

Descubriendo a Harry Potter

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Yo nunca había leído a Harry Potter. Su publicación y posterior boom me pilló algo mayor, exactamente con 20 años, y encima cursando literatura en Filología (tenía suficientes obras que leer). Así que no, nunca lo leí.

Por supuesto, como no vivo ajena al mundo, sabía lo básico de la historia, o más o menos: Harry Potter es un niño mago, huérfano, va a un colegio de magia, tiene dos amigos inseparables (una chica, un niño pelirrojo), tiene enemigos, la saga dura bastantes años, van montados en escoba alguna vez, y ha sido un éxito mundial.

Todo el mundo me decía que eran grandes libros; siempre tuve intención de leer alguno cuando alguien me lo prestara, pero eso no ocurrió nunca. Fueron pasando los años y yo seguía sin leer a Harry Potter.

Me fascinaba, eso sí, la historia que había detrás del libro: la joven mamá pobre, divorciada, sin trabajo, que tiene la fuerza de voluntad de escribirlo mientras su bebé duerme, justo cuando sufre una depresión (un libro, además, con un micromundo particular, lo que llevaría más tiempo y tesón); la chica que era tan pobre que ni pudo fotocopiar el manuscrito, y lo volvió a escribir; la mujer que lo siguió enviando a editoriales, sin cejar en su empeño a pesar de los rechazos (de hecho, J.K. Rowling es todo un ejemplo de perseverancia y confianza en su obra, al seguir apostando por ella). Seguir leyendo

Cuando Hitler robó a la madre de Judith Kerr.

 

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“Cuando Hitler robó el conejo rosa” llegó a mi casa de la mano de Alfaguara, a través de una colección llamada Biblioteca Juvenil, que cada semana iba publicando un libro.

El libro que tocaba ese martes era, pues, éste, y al abrirlo y ver que la protagonista, Anna (alter ego de la escritora) tenía exactamente mi edad, y se disponía a pasar una tarde lluviosa muy parecida a la mía (ella dibujando, yo leyendo), supe que se iba a convertir en uno de esos libros favoritos.

Y se convirtió.

“Cuando Hitler…” es un libro totalmente autobiográfico de Judith Kerr, que simplemente eligió otros nombres por una especie de pudor. Anna es ella, así como Max es su hermano Michael, y sus padres son Papá y Mamá. Seguir leyendo

Paseo por la nostalgia: Enyd Blyton

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Con la reedición a través de RBA, por entregas, de “Las Aventuras de los Cinco”, la escritora infantil más prolífica de toda la historia vuelve a estar en la palestra.

Enyd Bliton escribió 762 novelas infantiles, lo que según la Wikipedia vienen a ser 16 al año. Sus detractores señalarán que, con su calidad literaria (baja), tal gesta era fácil. Pero no le quitemos mérito a Enyd. Escribir, aunque sea mal, es difícil. No le neguemos su capacidad de trabajo y sobre todo el mérito de haber introducido el gusto de leer a tantos niños. Seguir leyendo

Fortún y su revolución

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La serie literaria infantil de Celia, escrita por Elena Fortún (seudónimo de Encarna Aragoneses), vio la luz en 1934 como tal, gracias a que el director de la antigua editorial Aguilar decidió incluir una sección infantil en su catálogo. Nacía así “Celia y su mundo”, recopilación con sentido de los relatos que desde 1929 las revistas juveniles Blanco y Negro y Gente Menuda habían publicado. Seguir leyendo