¡Duerme, gatita, duerme!

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Título: ¡Duerme, gatita, duerme!

Traducción: Patric de San Pedro.

Autora del texto y las ilustraciones: Antje Damm.

Editorial: Takatuka.

Precio: 9`5€.

Resumen: Es un cuento chiquitín (15×15), tapa y hojas duras, para bebés (bebés que ya caminen, no es un cuento para chupar, ojo, ni tiene cosas táctiles. Es cuento-cuento).

Abrimos el cuento y nos encontramos con una gata, primer plano, que nos dice que cerremos el cuento, que estaba dormida y la acabamos de despertar.

Primera sorpresa: una gata enfadada. No es adorable, no es preciosa. Está enfadada. Y con nosotros, los lectores. Es que la hemos interrumpido.

Tenemos el poder de meternos en una historia e interrumpirla. Pasamos a formar parte de ella (el bebé encantado).

La gatita juega con nosotros. Primero se “esconde” (el bebé la imita). Luego, hace como que duerme (hagamos que el bebé la imite, a ver si hay suerte).

La gata duerme con cazar ratones, nada menos…

La gatita empieza a estar harta, está cansada y quiere dormir (es alto probable que los padres nos sintamos identificados con esta gata. Nosotros, de hecho, somos esa gata. Queremos dormir y hacemos lo posible porque nuestros bebés duerman. Hacemos todo lo que hace esa gata).

Llega un momento en el que en el cuento “se apaga la luz”. Pero la gata nos pega un susto.

Y nos recuerda que cerremos el cuento y vayamos a por otro.

Y eso hacemos (o nos vamos a dormir).

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Opinión Personal: cuando el lector es tan pequeñito que confunde realidad con ficción, o la cuarta pared ni siquiera existe para él, este tipo de cuentos (o este cuento en concreto, ya que no he visto ninguno de este estilo) les viene muy bien.

Los bebés tienen mucho sentido del humor. Todavía no tienen sentido del ridículo, son espontáneos, y están muy, muy dispuestos a la risa. No desconfían (pobrecitos) y lo que les “hagas” les parece bien.

Así, el enfado de esta gata no les asusta, ya que el cuento se lo está leyendo alguien en quien confían.

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En mi caso, mi bebé se descacharraba. Literal. Es un poco macarra así que no le daba ni gota de pena que la pobre gatita no pudiera dormir, y estaba muy, pero que muy dispuesto a despertarla. El cuento me vino bien para intentar desarrollar un poquito de empatía en esa cabecita, diciéndole que acariciara a la gata, e insistiéndole en que quería dormir, como él.

Al llegar a la parte de oscuridad, el bebé hará que duerme (quizás los padres tengáis suerte y acabéis el cuento aquí, si tenéis un hijo dormilón), y le resultará muy, muy divertido la siguiente escena, en la que vuelve a entrar en escena el animal con cara de muy, muy malas pulgas.

La gata nos dirá adiós. Y nosotros a ella. Y si tenemos suerte y el bebé lo ha entendido… podremos apagar la luz.

Recursos didácticos:

  • Pues en este caso, como se lo leo al bebé de la casa, que tiene un año nada más y ni siquiera habla, no he hecho ningún recurso didáctico per se. Sí que hacemos onomatopeyas, juegos de esconder a la gatina con un pañuelo, un cucutrás, y potenciar que pase él las páginas (muy Montessori todo)… pero nada más.

  • Si, como es mi caso, se tiene otro hijo más mayor (4 años), se puede utilizar el cuento para enseñarles mayúsculas o minúsculas (aunque tenga poco texto no está todo en mayúsculas, tienen que ser un poco más mayores).

Edades: a partir de 1 añito.

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