Descubriendo a Harry Potter

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Yo nunca había leído a Harry Potter. Su publicación y posterior boom me pilló algo mayor, exactamente con 20 años, y encima cursando literatura en Filología (tenía suficientes obras que leer). Así que no, nunca lo leí.

Por supuesto, como no vivo ajena al mundo, sabía lo básico de la historia, o más o menos: Harry Potter es un niño mago, huérfano, va a un colegio de magia, tiene dos amigos inseparables (una chica, un niño pelirrojo), tiene enemigos, la saga dura bastantes años, van montados en escoba alguna vez, y ha sido un éxito mundial.

Todo el mundo me decía que eran grandes libros; siempre tuve intención de leer alguno cuando alguien me lo prestara, pero eso no ocurrió nunca. Fueron pasando los años y yo seguía sin leer a Harry Potter.

Me fascinaba, eso sí, la historia que había detrás del libro: la joven mamá pobre, divorciada, sin trabajo, que tiene la fuerza de voluntad de escribirlo mientras su bebé duerme, justo cuando sufre una depresión (un libro, además, con un micromundo particular, lo que llevaría más tiempo y tesón); la chica que era tan pobre que ni pudo fotocopiar el manuscrito, y lo volvió a escribir; la mujer que lo siguió enviando a editoriales, sin cejar en su empeño a pesar de los rechazos (de hecho, J.K. Rowling es todo un ejemplo de perseverancia y confianza en su obra, al seguir apostando por ella).

Así que no, no era del todo ajena a Harry Potter.

Ahora que escribo en un blog de literatura infantil me sentía “coja” por no haber leído Harry Potter, y una amiga (mamá de 4 hijos, co-autora del Blog “Cuando pares a pares”), Elena, me pasó el primero: “Harry Potter y la piedra filosofal”.

¿Qué me encontré yo, a mis 40 años, en Harry Potter?

Pues me encontré con un gran principio. Me encontré costrumbrismo inglés mezclado con sorna e ironía (me recordó a Roald Dahl, ciertamente). Me encontré misterio, ganas de seguir leyendo. Me encontré crítica a la sociedad inglesa. Me encontré acertadas descripciones. Era, en resumen, mejor de lo esperado.

El libro comienza describiendo a los Dursley, una familia que se nos hace particularmente odiosa: a él nos lo imaginamos como un pequeño dictador, a ella como una entrometida (“delgada, rubia, cuello casi el doble de largo de lo habitual, lo que le resultaba muy útil, ya que pasaba la mayor parte del tiempo estirándolo por encima de la valla de los jardines para espiar a sus vecinos”).. A su hijo, como un ser insoportable.

Como todos sabemos la historia de Harry Potter a estas alturas, resumo rápido: Harry Potter es hijo de magos (su madre era la hermana de Lucinda), ellos mueren, Harry acaba en el hogar de los Dursley durante 10 años. No le tratan bien (duerme en la alacena debajo de la escalera, su primo le pega constantemente), no le dan cariño, no le quieren (a pesar de ser todo muy trágico lo cuenta con tanto sentido del humor que no nos encontramos ante un Oliver Twist) pero no le dicen lo más importante: que es un mago. Tendremos que esperar un par de capítulos hasta que a Harry le sea revelado que es famoso: que un malo malísimo, Voldemort, mató a sus padres pero con él no pudo (por eso tiene una cicatriz en forma de rayo en la frente), que desde entonces Voldemort o “quien-tú-sabes” está desaparecido.

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También nos enteramos que en la bella Inglaterra coexisten pacíficamente dos mundos: los muggles (o sea, nosotros) y los magos. Y que Harry es un mago y va a ir a estudiar a Howgarths (que es un internado de magia).

Y bueno, allí suceden un montón de aventuras; no quiero destripar más para quien no lo haya leído, ni redundar para quien sí lo hizo.

La cuestión es que Harry Potter es una colección de libros francamente buena (en estos momentos ya llevo tres a mis espaldas).

Por un lado son libros misteriosos, oscuros. Se dan muchos elementos de miedo, de mitología, que lo hacen muy atractivo para los niños.

Su redacción, su manejo de las descripiciones y la ironía hacen la lectura (para los adultos) muy amena.

El microcosmos particular que ha creado J,K. Rowling es muy logrado, muy trabajado. Es un ejemplo de imaginación poderosa, fuerte. Simplemente la descripción del quidditch (juego con escobas, un poco imitando al fútbol pero a la vez con muchísimas diferencias) es todo un alarde de imaginación, pero también de rigor.

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Pero lo que más me gusta de Harry Potter es la profundidad de la historia. Harry Potter es un niño huérfano, que ha ido a parar a una familia que no le quiere nada, que le tratan mal. Harry Potter, pues, es el ejemplo del niño carente de derechos en la Sociedad. El niño que no tiene nada.

Pero Harry es famoso desde su nacimiento: está predestinado para algo grande, pero para ello debe estudiar en Hogwarts. Hogwarts sería, por tanto, en la vida real, la institución que salva a Harry, la que le situará en la Sociedad.

Allí, hará dos grandes amigos. Una, Hermione, viene de familia muggle. Así que, para suplir esa “carencia”, estudia constantemente. Hermione sería, entonces, la alumna becada, la alumna que sabe (y aprecia) lo difícil que es llegar a esa educación, y no quiere perder esa oportunidad. Tiene una especie de seriedad y compromiso con la magia que no tienen sus amigos (pero claro, uno es el famoso Harry Potter y el otro, Ron Wesley, proviene de una familia de magos). Sabe que con tesón, inteligencia y esfuerzo, se consigue. Está mucho más preocupada que ellos por el futuro.

Ron, en cambio, es el chico de una familia numerosa. El más joven (sin contar a la pequeña Ginny), al que hacen menos caso, el que está menos “situado”. Ron nos recuerda a tantos chicos que ven a la familia como algo agobiante (por ser tantos, no tienen dinero; él nunca ha poseído nada nuevo, sólo le tocan las sobras), pero que no sabe la suerte que tiene. El lector, a través de Harry, envidiará el hogar de Ron (en el segundo libro seremos testigos de una vida familiar caótica y pobre, pero amorosa).

Harry no se junta con gente “guay”. Los “guays” son otros, encarnados por Draco Malfoy (la elección de los nombres que hace la autora es magnífica, daría para un capítulo aparte), típico abusón ricachón, y sus dos bobos secuaces. Envidia a Harry e intenta hacerles (a los tres) la vida imposible.

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Así, la vida en Hogwarts es una mezcla de misterios/aventuras que sirven al lector de evasión, mezclada con avatares propios de cualquier instituto o internado: peleas entre chicos, grupos en discordia, envidias, enfados y demás relaciones que ocurren en todas partes, pero que a esta edad tienen especial importancia.

Por eso Harry, a pesar de ser mago, es un héroe cercano: sufre lo mismo que muchos niños actuales (encima él un poco más, que carece de familia. El capítulo en el que pasa las noches frente al espejo para ver lo que más desea, o sea, su familia, son enternecedoramente tristes), y el lector siente empatía por él, a pesar de ser el “gran Harry Potter”.

Pero Malfoy no será realmente el enemigo de Potter. El enemigo de Potter, en realidad, es él mismo. En el segundo libro “Harry Potter y la cámara secreta”, nuestro protagonista vuelve a encontrarse con su archienemigo (Voldemort, la encarnación del mal)… pero de joven. Y resulta ser sospechosamente parecido a Harry (pelo negro, desordenado, muy delgado… y también huérfano). Es como si el MAL, encarnado en Voldemort, fuera una parte de Harry. Como si Harry también tuviese una parte mala.

Y es aquí donde quería llegar. Que todos nosotros somos la peor y la mejor posibilidad de nosotros mismos:

Harry es un niño con una infancia rota (como su alter ego Voldemort): tiene la capacidad de ser un grande… pero también de ser el peor. Puede optar por la magia oscura, por la negrura, por el abismo. En cambio, opta por el trabajo duro, por el amor, por el no-odio. Es una elección.

J.K. Rowling nos viene a decir que hay futuro, pero que hay que trabajárselo. No es sólo una cuestión de suerte (necesaria, también), sino de elecciones, de constancia, de tesón. Harry Potter opta por la bondad, no por el abuso de poder.

Pero siempre habrá una negrura en él (igual que la hay en todas las personas que han sufrido, como Rowling), una tendencia más acusada al abismo, una pelea interna que hay batir, en la vida, varias veces (no es casual que los libros tengan siempre un clímax de batalla, de la que Harry sale vencedor, pero también algo vencido).

Y de todo esto que nos habla la autora ella lo ha vivido, porque los escritores (se dice) siempre acaban contando su mismo trauma (aunque a veces sea muy difícil discernirlo), su misma historia, su mismo deseo. J. K. Rowling, que escribió este libro con un divorcio a sus espaldas, con la terrible pérdida de una madre, podría haber optado por la oscuridad, por la depresión, por la amargura… pero eligió la salvación (aunque sabemos que su camino fue difícil).

Colección Harry Potter, publicada por Editorial Salamandra:

  1. La piedra filosofal.
  2. La cámara secreta.
  3. El prisionero de Azkaban.
  4. El cáliz de fuego.
  5. La Orden del Fénix.
  6. El misterio del príncipe.
  7. Las Reliquias de la Muerte.

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