Fomento de la lectura: Bibliotecas

BIBLIOTECA

Lo que más me gusta de la lectura es que es de las pocas cosas que se puede hacer casi en cualquier parte. No necesitas mucho: algo que leer. Se puede hacer en poco tiempo, aprovechando 5 minutos que tarda en llegar el autobús; justo antes de dormir; en la sala de espera del dentista. Con lectura se sobrelleva un largo viaje, un retraso en un aeropuerto, las acampadas de invierno (que te obligan a meterte en la furgoneta a las seis y media de la tarde), el tinte de la peluquería, una tarde sola en la piscina.

Pero para llegar a ese nivel de excelencia, el leer en cualquier lugar, pasan años. Y para empezar a leer es casi tan importante lo que se lee como el dónde. O el cómo.

Para inculcar el gusto en la lectura, la biblioteca es un un sitio ideal. Por varias razones.

  • Está llena de libros. Parece obvio, ¿no? Pero la cuestión es que la biblioteca es más grande que el salón de nuestra casa (y más grande que cualquier librería) y está llena de libros. Literalmente, cubren las paredes. El niño puede elegir. Si no le gusta uno puede pasar al otro. Al ser gratis, no está la obligatoriedad de leer algo por el simple hecho de que lo hayas adquirido. Lo mejor de la biblioteca, pues, es que tiene muchos libros a tu disposición… alguno habrá que te guste, ¿no? (o, al menos, ésa es la idea que queremos se le quede al niño).
  • Está a cubierto y es calentita (o fresquita en verano si el sitio es cálido No es nuestro caso). En tardes largas de invierno, que anochece pronto, llueve y hace frío, la Biblioteca es un lugar ideal para pasar la tarde. También, a lo largo del curso escolar, puede ayudar a ocupar un sábado por la mañana. Uno se puede pasar un par de horas leyendo libros a los enanos (yo lo hago continuamente, y me ayuda a sobrellevar las tardes que no tenemos plan).
  • Tienen sitios para leer. Otra obviedad, ¿verdad? La cuestión es que en la biblioteca los puntos de lectura suelen ser cómodos, confortables, con luz apropiada. No todo el mundo tiene eso en su casa. Además, en las salas infantiles de las bibliotecas los sillones y las sillas están bajos, son apropiadas para el niño e incómodas para el adulto. Es decir, que se sientan sin ayuda, acceden a los libros con autonomía, y son dueños, en fin (y en la medida de lo que cabe, si todavía no tienen edad para leer solos), de la lectura. Tienen más facilidad de elección.
  • En las bibliotecas no hay televisión. No hay tablet o portátil encendido. No hay ruido (sí un murmullo agradable de conversación entre niños), no hay tanto elemento de distracción. Hay niños, sí, que están allí leyendo o estudiando.
  • La biblioteca es un buen sitio para estudiar (si lo sabré yo, que me saqué ahí la oposición). Por lo anteriormente dicho (ausencia de ruido, ambiente de estudio) y por la profusión de información (enciclopedias, manuales) que ayudan de un modo físico al conocimiento.

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La biblioteca (sobre todo la biblioteca actual) es activa: organiza cuentacuentos, talleres de teatro, de animación lectora, concursos de ilustración, charlas, debates, exposiciones fotográficas y hasta teatro. El personal bibliotecario aconseja (son ellos los que eligen el fondo bibliográfico), comparte, llama por teléfono para avisar de las actividades, se coordina con las escuelas para realizar talleres. Organiza Kamishibais; manualidades a partir de un cuento, concursos de marcapáginas; discurren, piensan… lo que sea para fomentar el hábito lector entre los niños. Lo que sea por tener su biblioteca llena, por compartir lo que han elegido con tanto cariño.

La Biblioteca de Riaño, en Langreo, ganadora del Premio María Moliner gracias a sus actividades (pinchar aquí) , íntegramente organizadas por el personal, dispone, gracias a esos premios, de un amplio fondo bibliográfico juvenil, lleno de novedades. La Biblioteca de Mieres organiza, para celebrar el centanario de Roal Dalh, diversas actividades entre las que se encuentra un concurso de disfraces sobre su obra. La biblioteca de San Lázaro, en Oviedo, llama por teléfono a las casas avisando de las actividades. Eso son tres ejemplos que conozco. Habrá muchos más.

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La biblioteca, pues, es algo más que una sala callada llena de cuentos. Es un lugar democrático (cualquiera puede ser socio, desde que nace), en el que puedes coger todo, con la única obligación de devolverlo.

Quizás, para fomentar la lectura, primero haya que fomentar las bibliotecas. Haciendo socios a nuestros hijos, desde bebés. Adquiriendo, con ellos, el hábito de acudir cada poco. Sacando sus libros y llevándolos a casa. Aprendiendo a hacer una búsqueda. Hablando con los bibliotecarios. Viviendo sus actividades, participando. Sabiendo que, además de esas bibliotecas grandes, hay muchas pequeñitas, en cada colegio. Incluso en algún Centro Social.

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