Respeto ecológico: “El niño Semilla”

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Título: El niño semilla.

Título original: Greenlig.

Traducción: Robin Sinclair y Luis Amavisca.

Autor del texto e ilustraciones: Levi Pinfold.

Editorial: Nube Ocho. Colección Nubeclásicos.

Precio: 16€.

Resumen: “¿Qué está creciendo en las tierras de los Barley? ¿Qué ha aparecido donde antes había un árbol? ¿Estará allí para que los Barley lo cuiden? ¿Y si fuera para nosotros?, se pregunta el Señor Barley.

En la imagen de la derecha (a la izquierda hay texto, y encima de ese texto, un rombo formado con cuatro imágenes, como primeros planos) vemos a un hombre de 60 años, con perro, enfrente de lo que parece una flor gigante de la que sale un bebé verde.

Años 50. EEUU (o eso parece).

El señor Barley lleva a su casa a ese bebé verde. La señora Barley no lo quiere: “su lugar es la tierra… y debería quedarse allí”.3

Pero el señor Barley no lo devuelve, “un niño no es un sombrero”.

Le lava, le cuida (se ve la expresión atónita de la señora); es un bebé vigoroso, verde, pero que rechaza la comida habitual. “¿Qué se da de comer a una semilla?

Por la noche, en lugar de una cuna, el señor Barley le prepara un montón de tierra. No le deja fuera por si se lo llevan los cuervos. Amoroso, le prepara la tierra.

La señora Barley lo rechaza. “Deshazte de este duende”, dice.

2

A la mañana siguiente la señora Barley se encuentra con una cocina cubierta de plantas, de pimientos, melones, calabaza. El niño semilla parece estar vestido con uno de ellos. La Tierra ha tomado la casa. La señora, espantada, se queja de no poder preparar el desayuno.

Los melones están maduros”, contesta el señor.

El salón está cubierto de árboles frutales. Las raíces han tomado posesión del suelo.

¿Cómo vemos la tele esta noche?

Él responde: “es increíble verle crecer”.

Sí, lo es.

Como el coche y la moto están recubiertos de plantas, no pueden marcharse. Pero, como bien dice el señor Barley, no necesitan ni irse de compras. Todo lo que necesiten está ahí.

5

La señora Barley no puede pedir “ayuda”. La hierba ha invadido el teléfono (imagen deslumbrante, la señora rodeada de girasoles, espantada, mientras el niño semilla quiere que le cojan).

Ella no puede con esto. Se retira a su cuarto, en la oscuridad, rodeada de plantas de lavanda. “¿Qué son esos ruidos en la noche? ¿Por qué ahora? ¿Por qué aquí? ¿Por qué me tiene que pasar a mí?

Pero a la mañana siguiente, surge un problema. Las viñas que salen de la casa han recubierto las vías del tren, que ha tenido que frenar. La multitud, enfurecida, va hasta la casa de los Barley, hay que echar al niño, hay “que deshacerse de él”.

Y la señora Barley… le defiende. “Es sólo un niño. ¿Os habéis vuelto locos? Deberíamos dar la bienvenida a esta semilla en nuestra casa. Hasta ahora, nosotros hemos vivido en la suya”.

El niño Semilla florece. Y pronuncia un antiguo hechizo.

Todos comen fruta (extrarodinarias) durante semanas. Pasa el verano.

Y al llegar el otoño el Niño Semilla había desaparecido.

¿Volverá?

¿Qué habrán planeado los árboles y las colinas? Si supiéramos observar y escuchar, quizás podríamos entender. Cuando el invierno haya pasado, y la primavera esté al llegar…” (imagen de los señores, en sus tierras, mirando al firmamento).

¿Qué crecerá en la tierra de los Barley?

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Opinión Personal: literatura extraña, diferente, especial, que te hace meditar sobre el cuento y sobre el mundo en el que vivimos.

¿Qué habrá querido decir? ¿Qué es lo que nos atrae de esta historia?

Como tiene un inicio, nudo y desenlace, se puede relatar a un niño perfectamente. Aunque sólo se quede con la historia superficial (no la que subyace por debajo, con su mensaje), es suficiente. Tiene el número adecuado de elementos para llamar la atención, para sorprender: niño que aparece, niño acogido, niño que no es querido por la madre (o eso parece) por sus rarezas, mientras que el padre las acepta; niño con problema, defendido por su madre; aceptación; todos contentos; desaparición. No definitiva.

Las imágenes (por un lado, panorámicas; por otro, primeros planos), realistas, intensas, en colores ocres (acompañando a la Tierra), que recuerdan a ciertos planos de Las Uvas de la Ira.

Pero sobre todo “El niño semilla” es un libro profundamente ecologista, que hunde sus raíces en algo primordial, como es el respeto a algo que es mucho más grande que nosotros (la Naturaleza, el Mundo); nos recuerda que debemos estar agradecidos y entroncar en lo natural, no en lo que hemos impuesto (los trabajadores que se quejan porque la vía del tren está colapsada, en lugar de comer la fruta; la Señora Barley que se preocupa por no poder ir a la tienda… cuando lo que necesitan está en casa).

La elección de un matrimonio mayor, en medio del campo, parece perfecta. Ha sido un recurso muy explotado (pero no maniqueo) en las historias de superhéroes (recordemos a Supermán), en el que el hombre es representado como la fuerza audaz (reacciona bien ante lo nuevo, acepta al niño con facilidad) y la mujer como la fuerza constante (es ella la que saca las uñas y dientes por el niño, la que protege, la que entiende el significado profundo).

Puede que el niño lector no entienda todo esto… pero está bien que lo lea. Porque el cuento, a pesar de todo, le atrapará. Porque está bien que se atrevan con literaturas audaces, novedosas. Porque es probable que este álbum deje en él una huella y regrese a por él de mayor.

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Aceptemos a “El niño semilla” igual que le aceptaron a él en la tierra de los Barley.

Recursos didácticos:

  • Comprensión: ¿de dónde ha salido el niño Semilla? ¿Por qué tiene esa luz?

  • Observación: ¿va creciendo el niño? ¿Cada vez está más grande?

  • Imaginación: ¿pueden los árboles crecer tan rápido? ¿Pueden salir raíces y ramas de un teléfono?

  • Empatía: ¿la señora está contenta con el bebé, o tiene miedo? ¿Por qué tiene miedo?

  • Conocimiento de uno mismo: ¿cómo hubiéramos reaccionado nosotros si nos trajeran un bebé así a casa, de repente?

  • Literatura: ¿le ha gustado el texto, cómo suena?

Edades: a partir de 4 años.

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