Despidiéndonos: “La isla del abuelo”

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Título: La isla del abuelo.

Título original: Grandad’s Island.

Traducción: Nadia Revenga García.

Autor del texto e ilustraciones: Benjie Davies.

Editorial: Andana Editorial.

Precio: 15€.

Resumen: Leo es un niño pequeño, que tiene una relación estrecha con su abuelo (nos dice que la casa de Leo y la del abuelo está comunicada a través de una puerta en el jardín, y Leo puede entrar cuando quiera).

Un día Leo va a verle. Pero no encuentra al abuelo por ningún lado.

Cuando ya estaba a punto de irse, el abuelo aparece, renqueando con su bastón, desde el desván.

Hasta ahí lleva a Leo (que nunca había estado en ese sitio, con tantísimos recuerdos del abuelo), y le descubre una extraña puerta de metal, que les lleva directamente a la cubierta de un enorme barco.

Allí, en medio de los tejados.

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“¡Avante a toda máquina!”.

Leo y el abuelo surcan el mar, tranquilos, hasta que llegan a una isla maravillosa.

“Abuelo, ¿no coges el bastón? No, creo que ya no lo necesitaré”.

En esa isla maravillosa (la imagen es tan, tan espectacular) encuentran una cabaña, y entre los dos (abuelo rejuvenecido) la arreglan.

La isla es preciosa (verde, frondosa, selvática, con tucanes y gorilas amistosos), allí pintan, se tiran por las cascadas, nadan… pero saben que tienen que regresar.

El abuelo decide quedarse.

“Pero… ¿no te sentirás solo? Yo creo que no.”

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Ilustración del abuelo, todavía con el pantalón del pijama, en medio de ese paraíso.

Se abrazan. Se separan. Todos despiden a Leo, que regresa solo en el barco.

Primeras imágenes oscuras y negras de todo el cuento. Leo regresando a casa. “El viaje se hacía mucho más largo sin el abuelo, pero Leo se las arregló para llegar sano y salvo”.

A la mañana siguiente Leo volvió a casa de su abuelo.

“Todo parecía seguir igual, pero el abuelo ya no estaba”.

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Leo busca la puerta metálica, y no la encuentra, “parecía que nunca hubiese existido”.

Pero oyó un golpe en la ventana.

Un tucán había dejado un sobre.

Dentro, una foto del abuelo con el gorila, la tortuga, los pájaros, feliz en la isla.

FIN.

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Opinión Personal: el cuento nos habla de un proceso de separación, en el que las dos personas que se separan son parte activa.

Sabemos (sólo con las primeras frases del libro, sólo con la primera imagen) que Leo y su abuelo tienen una relación estrecha, especial. Íntima.

La separación (la muerte), pues, va a ser dura.

El autor ha elegido un buen método: el abuelo forma parte activa de esa separación. Los dos la viven.

El viaje es un símbolo. Primero, el desván con “cosas que Leo nunca ha visto” (la vida del abuelo, lo que se lleva con él). Esas mismas cosas vuelven a aparecer en la isla. Pero luego ya no estarán en el desván, porque cuando alguien fallece se lleva sus cosas. Se lleva su vida, sus recuerdos, y también desaparecen sus cosas físicas (bien porque se reparten entre familiares o simplemente se tiran).

De un modo sencillo nos dice que el abuelo va a estar mejor: ya no necesita bastón.

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Y cuando está en la isla, acompañando a Leo en ese tránsito (porque el tránsito es de los dos: el abuelo encaminándose a la muerte, el niño encaminándose a una vida sin su abuelo), está medio en pijama medio vestido. Brillante.

La separación se acepta. Los dos saben que el abuelo se va a quedar y que Leo se va a ir.

Y los dos sienten dolor. Los dos saben que se van a echar mucho de menos.

Porque Benjie Davies no nos engaña. Cuando te separas hay dolor. Echas de menos. Es inevitable, profundo, doloroso. Existe.

Y Leo vuelve, en un viaje (la vida) que le resulta difícil porque el abuelo ya no está con él. Pero lo logra.

Al día siguiente (el primer día de vuelta a la normalidad cuando alguien importante nos falta es terrorífico) va a la casa del abuelo. Que está igual pero no.

Vacío.

Y un tucán (una señal, lo que nosotros queramos ver) le dice que el abuelo está bien.

O que el abuelo siempre le querrá.

Además de lírico, simbólico y absolutamente respetuoso con los sentimientos, el cuento tiene unas ilustraciones llamativas, frondosas (no sé cómo explicarlo), originales, bellas.

Pocos cuentos hay tan bellos como éste.

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Recursos didácticos:

  • Comprensión: ¿el niño ha entendido lo que ha ocurrido? (si no lo entienden, da igual. Mi hijo ha entendido el cuento como si realmente el abuelo fuera de viaje y no se vieran más. Sin dramas).
  • Observación: señalarle la ropa del abuelo, el cambio (va pareciendo algo más joven).
  • Observación: ¿qué cosas hay en el desván que aparecen más tarde en la isla? Por ejemplo el peluche de gorila, que en la isla se transforma en un gorila de verdad. La tetera en forma de tortuga que luego en la isla será una tortuga gigante. Las acuarelas. El barco en miniatura (probablemente el abuelo fuese marinero de joven), el gramófono. La tetera roja.
  • Memoria: ¿recuerda el niño (cuando vea el desván vacío) las cosas que había antes en el desván?
  • Conocimiento interno del niño: ¿echa de menos a alguien? ¿Cómo se siente cuando echa de menos?

Edades: a partir de 3 años.

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