AGUJERO

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Título: Agujero.

Título original: Hullet.

Traducción del noruego: Carmen Freixanet.

Autor e ilustrador: Oyvind Torseter

Editorial: Bárbara Fiore Editora.

Precio: 20€.

Resumen: “Agujero” es un cuento que tiene un agujero. Un agujero perfecto, redondo, tirando a pequeño, que atraviesa todas sus páginas, hasta la portada.

Nos encontramos una habitación sin amueblar, de lo que parece un pequeño piso, que tiene un agujero en su pared.

Entra un joven, cargado con cajas de mudanza, apurado, deja las cosas, se hace un huevo frito, se dispone a comer… y se fija en el agujero que hay en la pared.

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Abre la puerta que hay al lado del agujero para entrar en el cuarto de la lavadora y ver el agujero por el otro lado… pero el agujero ya no está ahí. Se ha movido al suelo, y como no lo ve, el protagonista se cae.

Observa el agujero en el suelo. Pero en la siguiente ilustración está en la puerta (magistral el modo en que el ilustrador dibuja lo mismo pero cambiando imperceptiblemente la ubicación).

Así que el protagonista llama a “alguien” pidiendo ayuda… y le dicen que atrape al agujero y lo lleve “hasta allí”.

Después de perseguirlo un rato el chico consigue meter al agujero en una de las cajas, la precinta, y sale a la calle.

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A partir de ahí nos encontramos un montón de ilustraciones de este hombre con la caja en brazos atravesando la ciudad: bajando las escaleras, cruzando calles, atravesando obras, llegando al metro… Claro, como el agujero “del cuento” está en la caja que lleva el hombre en brazos, pero sigue habiendo un agujero “real” que atraviesa las páginas, el autor lo ha integrado inteligentemente en las ilustraciones: en la boca de un cartero silbando; en la rueda de un coche; en el globo de un niño; en la nariz de una niña; en la luz de un semáforo.

Finalmente, el chico llega a lo que parece ser un laboratorio, donde unos científicos le hacen un montón de pruebas al agujero, para finalmente guardarlo en un frasco y despedir al chico, que llega a su casa en un taxi, bajo la luz de la luna (el agujero).

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Bajo la luz de esa misma luna, el chico cena en su terraza, y se acuesta en el suelo de esa habitación inicial. Duerme.

Pero el agujero sigue allí.

Opinión Personal: original y “redondo”, así es el Agujero. El agujero troquelado está no sólo incorporado a la narrativa, sino que es el centro; los dibujos lineales, sencillos, están pintados alrededor de él, a través de él, para él.

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El momento en el que el pobre agujero es “víctima” de los experimentos, se queda encerrado para siempre en ese frasco, catalogado… impresiona. Y por ello sacude más el gamberro final, en el que el agujero (“mira, ahí está”, dijo mi hijo) vuelve a aparecer.

Recursos didácticos:

  • Atención: ¿dónde está el agujero? Es interesante que el niño lo señale cuando el “agujero” ya no lo es tal. Mi hijo señalaba primero a la caja en la que estaba encerrado el agujero, para luego darse cuenta que estaba integrado en otros lados de la ilustración.

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  • Comprensión: ¿se asusta el chico al descubrir el agujero? ¿Por qué primero se asombra y luego se asusta?
  • ¿Por qué vuelve a aparecer el agujero?

Edades: a partir de 7 años.

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