Mil mundos en un día: “Arroz, agua y maíz”

 

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Título: Arroz, agua y maíz.

Autora del texto: Berta Piñán.

Autora de las ilustraciones: Elena Fernández.

Diseño: Ester Sánchez.

Editorial: PINTAR-PINTAR Editorial.

Precio: 17´50€.

Diploma Premios Visual 2009 de Diseño Editorial.

Premio de Literatura Infantil y Juvenil María Josefa Canellada 2008.

Resumen y opinión personal: 21 poemas, 21 niños, 21 mundos. Berta Piñán escribe, a través de sus ojos (los del ucraniano Álex; el nepalí Esha; el indio Kim; la madrileña Alexandra; el japonés Akío; la irakí Jashmine y muchos más), a través de su boca y su edad (creí, inicialmente, que se trataba de una recopilación real de poemas de cada niño), un precioso poemario que une a la infancia y al mundo.

Cambiando de entonación, de ritmo, de rima, de musicalidad según el país en el que se trate; modificando el tema según la edad y la nacionalidad del niño, Berta Piñán nos sumerge en otro mundo, pero que resulta ser éste, en el que estamos. El mundo de hoy.

Desde el realismo mágico de la colombiana Amalia; pasando por la oscuridad nocturna (creo que allí es tal el horror que no ha vuelto a amanecer) de Sierra Leona; el mundo onírico de la India; los cortos versos iraníes (y en la casa/ hay una puerta,/ tras esa puerta/ hay un cuarto,/ y en ese cuarto/ te espero);

Este poemario, pues, a veces se “achica”, se acorta, para resaltar la dureza del invierno de Chernóbil; otras veces sabe a ron y canela, como el cubano; y otras, su musicalidad nos recuerda a un tambor, como el sudafricano.

El texto se adapta a la realidad, al país, al niño.

El japonés, pues, es un haiku; el irakí, un atropello rápido escrito con la premura del miedo; el sirio, una metáfora en sí; y el guatemalteco, el broche perfecto.

Musical, este poemario enseña: nos enseña otras realidades, pero también nos acerca: “A mil millones de kilómetro de aquí/ hay niños y niñas que juegan en los patios/y se tiran la pelota/ y se esconden y se asustan/ exactamente como aquí”, porque la infancia es diferente pero a la vez muy parecida.

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Las ilustraciones preciosistas cambian, también, como los poemas. Pasamos del blanco y helador invierno ucraniano a la locura colombiana; pasamos del árido y solitario desierto sahararui al húmedo y alegre Nepal (creo que el orden de las ilustraciones no es casual, sino muy estudiado y perfecto); de la oscuridad de la India nocturna al cegador sol de Irán; del sueño filipino (la ilustración favorita de mi hijo) a la locura almeriense (con esos dibujos que tanto recuerdan al Indalo); de la salvaje África a la urbana Barcelona; del orden japonés al desconsuelo de Irak.

Cada ilustración es un poema en sí mismo; el poemario no se entendería, no sería sin ellas. La fuerza del libro estriba en la unión de los dos (acompañados de un glorioso diseño).

Creo firmemente que estamos ante un manual enciclopédico de primera clase, que se debería impartir en los colegios: primero por el simple placer de leer, escuchar y ver. Luego, por la información (poemática por un lado; geográfica y social por otro) que imparte. Con este poemario como libro de cabecera, los niños aprenderían sobre geografía, sobre otros mundos, otras culturas, y más sobre versos que en ningún otro.

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Recursos didácticos:

  • Es un libro excelente, ya a partir de segundo de primaria, para enseñarles los diferentes tipos de poemas que hay. No sólo soneto, espinela, etcétera, sino poemas a través del mundo.
  • ¿Sabe el niño lo que es un haiku? ¿Y una canción popular?
  • ¿Por qué cree que se llama así el libro? (explicarles que son dos alimentos esenciales más el agua, sin la que no podríamos vivir).
  • Explicar qué es el realismo mágico.
  • ¿Qué poesía le ha gustado más y por qué? ¿Por el “tema”? ¿Por su musicalidad? ¿Por el dibujo?
  • Conocimiento del mundo: coger un mapa e ir señalando dónde está cada país representado en el libro.

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  • Mirar el clima de ese país y compararlo con la ilustración.
  • ¿Qué ocurre en cada país? ¿Qué problemas hay? ¿Y qué problemas hay en el nuestro, por ejemplo?
  • Hablar de los niños-soldado.
  • ¿Por qué cree el niño que el poema irakí no rima, está en texto? ¿Le ha dado pena?
  • ¿Por qué cree que cambian tanto las ilustraciones? Que haya tantos temas diferentes. ¿Por los países?
  • ¿Le han gustado más los poemas de vidas muy diferentes a la suya? ¿O con los que se ha sentido más identificado? ¿O sólo se ha dejado llevar por las palabras?
  • Vamos a dibujar: que el niño elija su ilustración favorita y la “copie”.

Edades: A partir de 4 años, sin límite. Aunque es probable que les guste más a partir de los 7, 8.

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