Pequeño repaso por Eric Carlé

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A través de la obra de Eric Carlé, si nos paseamos por sus cuentos más significativos o al menos los que más éxito han cosechado, encontramos un punto común, un leit motiv, un estilo propio. No me refiero sólo a las ilustraciones (características: técnica de collage, con papeles pintados a mano por él mismo que luego recorta y superpone), sino a algo más intrínseco, más interno, más significativo.

Carlé habla de la Naturaleza. No sólo porque sus protagonistas sean animales, sino porque la acción se suele desarrollar en un ciclo vital;  a veces una semana, como es el caso de La Oruga Glotona, generalmente en un día (El grillo silencioso; La luciérnaga solitaria; La araña hacendosa; Diez patitos de goma). Porque la Naturaleza es cíclica.

Además de eso, Carlé nunca personaliza a sus animales. No les da nombre (son el ratón, el caballo, la oruga, la araña);  no les otorga características humanas. No hacen nada que no haga uno de su especie; más al contrario, son representativos de ella.

Así, en “¿Quieres ser mi amigo?” asistimos a un despliegue de respuestas de los animales a la petición hecha por el ratoncito. Cada uno a su manera (el Pavo Real, orgullosamente, no contesta a los requerimientos; el Zorro intenta comerse al ratón; la canguro, como buena mamá, ha de cuidar a su bebé), cada uno con la respuesta característica de su especie; pero todos,  por supuesto, le niegan la amistad al ratón.

O, en “El grillo silencioso”, el grillo va topándose con insectos pero no consigue compenetrar con ninguno, ni consigue hacer el sonido con sus patitas, hasta que encuentra a su grilla.

¿Quiere con esto Carlé decir que no nos podemos emparejar con algo diferente? No. Carlé no utiliza a la naturaleza o a los animales para hacer comparativas con el mundo real. Precisamente el autor nos muestra la naturaleza, el mundo animal, tal como es: un mundo donde el grillo sólo sonará de noche (y elige como personajes a bichos, insectos, no animales más clásicamente “monos”), un mundo donde un ratón vivirá con otro ratón, y no con una jirafa o hipopótoma.  Un mundo donde una araña no se revolcará en el barro con un cerdo o dormirá la siesta con un gato, sino que se limitará a trabajar su red, a atrapar moscas y a dormir de noche (siendo imposible un diálogo con la lechuza).

Eric Carlé ama tanto la naturaleza que la quiere tal cual es: con su oruga (él hubiera preferido llamarla “gusano” pero la editorial no se lo permitió). Recordemos que en ningún momento de “La oruga glotona” se hable de que la oruga sea fea. Ni, cuando se convierte en mariposa, se incide en que sea bella. El relato de la oruga glotona no tiene nada que ver con la transformación del patito feo, puesto que el autor no la compara con la mariposa. No hay nadie mejor o peor. Es un cuento sobre ciclos vitales, sobre el paso del tiempo: la oruga es oruga, y en un momento dado, sólo con el transcurrir del tiempo necesario, se convertirá en mariposa, pero sin que haya mérito por su parte o sin considerarlo una finalidad en sí misma.

La Naturaleza, además, es más grande que el propio hombre. En “De la cabeza a los pies” varios animales van haciendo gestos con su cuerpo, mientras son imitados por el hombre (por niños). Es decir, es la especie humana la que intenta aprender del animal, imitándole, pero a la vez remarcando el parecido que podemos tener con ellos. Que formamos todos parte de lo mismo.

(Imagen de tes.com)
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6 comentarios en “Pequeño repaso por Eric Carlé

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